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Miércoles, 30 de Junio de 2010 20:40 |
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ESTADO DE LA CUESTIÓN
A principios del siglo XX, Juan Cabré Aguiló realizó el descubrimiento de lo que él llamo "la montaña escrita de Peñalba de Villastar", dándola a conocer en un primer artículo publicado en 1910[1].
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| Panorámica del farallón |
En esa primera publicación, Cabré trató tanto la descripción de los grafitos que él observó, así como una primera hipótesis sobre el significado histórico de éstos, ello sin olvidar una introducción geomorfológica y paisajística de la zona, lo que hace de él un estudio relativamente novedoso desde el punto de vista de la moderna arqueología.
Sin embargo, pese a que Cabré realizó calcos de las inscripciones, éste no las interpretó, tarea que dejó a Fita F., quien no llegó a terminarla, ni sus escritos fueron publicados.
Habría que esperar a los años 50 para que los estudiosos volvieran a mostrar entusiasmo por el estudio de las inscripciones allí existentes, aunque a diferencia de lo realizado por Cabré, estos nuevos investigadores trataron tan solo la vertiente epigráfica, dejando a un lado la vertiente grafítica. Se inscribía en el contexto de un nuevo impulso por las lenguas indígenas.
Entre los investigadores que analizaron las inscripciones de Peñalba encontramos a Gómez-Moreno, M., Lejeune, M., Schmoll, U., Tovar, A., en los años 40 y 50, y Untermann a finales de los años setenta. El primero de ellos comenzó con el estudió de las inscripciones depositadas en el Museo de Barcelona, puesto que muchas fueron arrancadas de la pared por el propio Cabré. Otras tantas siguieron el mismo camino, aunque llevadas a Villel, perdiéndose muchas que actualmente solo se conocen por la documentación de Cabré, aunque muchas nunca llegaron a ser calcadas, perdiéndose para la posteridad. Gómez-Moreno sería sin duda el impulsor del estudio de Peñalba, aunque más allá de la publicación de epígrafes, no dio una lectura de estos.
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Calcular cuándo cae Semana Santa |
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Miércoles, 24 de Marzo de 2010 00:40 |
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Se acerca la Semana Santa, y seguro que muchas veces se ha preguntado por qué dicha fiesta es variable de un año a otro. Efectivamente se trata de una fiesta movible debido a que dicha fiesta es calculada de acuerdo al calendario lunar. Pero ¿por qué sucede esto?, la respuesta es bastante sencilla. Según los Evangelios la muerte de Jesús tuvo lugar después de la Pascua judía, la cual es celebrada el 14 -15 del mes de nisán, o lo que es lo mismo, en el novilunio del equinoccio de primavera. Puesto que el calendario hebreo se guía por el ciclo lunar, no se pudo hacer una equiparación con el calendario juliano. Por tanto, finalmente, en el 325 d.C, en el Concilio de Nicea, se creó el sistema por el que se debía calcular la Pascua cristiana.
El sistema, dentro de lo complejo que parece, es en sí sencillo. Tengamos en cuenta el equinoccio de primavera, esto es el 21 de marzo. A partir de esta fecha deberemos buscar la luna nueva anterior a dicha fecha, y por tanto tendremos el comienzo del ciclo lunar. Desde ese día de luna nueva contaremos 14 días. Tras ello nos pueden ocurrir varias cosas:
-La primera, que tras contar 14 días, éste nos caiga justamente el 21 de marzo, y por tanto el domingo siguiente al día 21 de marzo será Pascua de Resurrección.
-Segundo, que tras contar los 14 días nos pasemos del 21 de marzo. En ese caso procederemos de la misma forma: contados esos 14 días, el siguiente domingo será Pascua de Resurrección.
-Tercero, que tras contar 14 días, no lleguemos al 21 de marzo, es decir, no es luna pascual. Por tanto, aquí la cosa se complica un poco más. Deberemos dejar que ese ciclo lunar acabe, y deberemos buscar la siguiente luna nueva. A partir de ésta contar 14 días, siendo el siguiente domingo Pascua de Resurrección.
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Domingo, 21 de Marzo de 2010 17:42 |
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El final de la Segunda Guerra Mundial había dado la victoria a los aliados, pero no todos sus miembros tenían un régimen democrático como el de EE.UU y Gran Bretaña. La URSS distaba mucho de ello, y efectivamente caído el poder nazi, y todos los fascismos en general, exceptuando algunos países que por razones de apoyos políticos lo mantuvieron, nacía un mundo de política bipolar en la que se enfrentaban “la dictadura del proletario” y la “suprema democracia”.
Prescindiendo ahora de la URSS, el Occidente europeo con influencia británica y estadounidense debía volver a montar sus regímenes democráticos. Pero la democracia estaba en crisis, el nazismo podía haber sido derrotado pero la Historia no podía ser borrada. En la cabeza de todos seguía el recuerdo de cómo un partido había impuesto desde la democracia un régimen totalitario, un partido que incluso antes de llegar al poder se declaraba antidemocrático como demuestra el artículo escrito por Goebbels, en 1928, en su periódico An¬griff, cuyo título ya es por si esclarecedor: Was wollen wir im Reichstag?
"Somos un partido antiparlamentario, con buenos fundamentos, que rechazamos la Constitución de Weimar y las instituciones republicanas por ella creadas; somos enemigos de una democracia falsificada, que incluye en la misma línea a los inteligentes y los tontos, los aplicados y los perezosos; vemos en el actual sistema de mayoría de votos y en la organizada irresponsabilidad la causa principal de nuestra creciente ruina. ¿Qué vamos a hacer por tanto en el Reichstag?
Vamos al Reichstag para procuramos armas en el mismo arsenal de la democracia. Nos hacemos diputados para debilitar y eliminar el credo de Weimar con su propio apoyo. Si la democracia es tan estúpida que para este menester nos facilita dietas y pases de libre circulación, es asunto suyo. (…). También Mussolini fue al Parlamento. Y a pesar de ello, no tardó en marchar con sus camisas negras sobre Roma."
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Los Idus de marzo: el asesinato de César |
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Domingo, 14 de Marzo de 2010 23:44 |
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“No más tarde de los idus de marzo”, cuenta la tradición, que le dijo el arúspice Espurina a César. Era el 15 de marzo del año 44 a.C cuando en el teatro de Pompeyo la vida de César llegaba a su fin tras recibir sendas puñaladas.
César se encontraba en la cima de su poder, tras haber cruzado cinco años antes el Rubicón, y con una cruenta Guerra Civil contra Pompeyo, César había conseguido convertirse en el primer hombre de Roma, alterado el tradicional funcionamiento de las instituciones, ocupando el consulado y la dictadura de forma alternada, hasta el punto que fue proclamado dictador vitalicio en el mes anterior a su muerte.
No era extraño, por tanto, que los rumores sobre la aspiración de César a la monarquía estuvieran a la orden del día. Esto había alertado a una gran parte de la aristocracia, los antiguos partidarios de Pompeyo, que creyeron necesario acabar con el que consideraban un tirano, y con su muerte reponer el normal funcionamiento de la República.
Se fue creando así un complot, en donde también estarían involucrados cesarianos que acabaron en desacuerdo sobre el rumbo que César había tomado y su acumulación de poderes. Entre los principales miembros del complot se encontraba Marco Bruto, cuya participación no carecía de simbolismo, ni la puñalada final que se dice este le dio, puesto que uno de sus antepasados más remotos había sido, según la leyenda, uno de los cabecillas en expulsar al último monarca de Roma, Tarquinio el Soberbio. Que un nuevo Bruto repusiera la República sería un buen argumento ante el pueblo que justificara la muerte de Cesar.
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El calendario republicano francés |
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Domingo, 06 de Diciembre de 2009 00:45 |
 Con la Revolución Francesa se quiso romper totalmente con el pasado, y dicha ruptura debía abarcar todos los elementos de la vida cotidiana, y entre ellos estaba el calendario. Fue así como en Francia surge un nuevo calendario, que tan solo fue oficial de 1793, año en que fue aprobado, a 1806, cuando Napoleón lo abolió, puesto que era también una forma de reconciliarse con la Iglesia, devolviendo las fiestas eclesiásticas que habían sido abolidas durante el periodo republicano.
Fue diseñado por el matemático Gilbert Romme, contando también con el apoyo de los astrónomos Jean-Baptiste-Joseph Delambre, Pierre-Simon Laplace y Joseph-Jerôme de Lalande, por petición de la Convención Nacional en 1793. Era un calendario poético, que recogía los ideales con los que había nacido la revolución, y lo vinculaba con la naturaleza.
Este nuevo calendario seguía manteniendo un año de 365 días, algo que era lógico, y lo que se modificó fueron los meses, las semanas, y el inicio del año.
Los años se empezaban a contar a partir del día de la proclamación de la I República francesa, esto es, el 22 de septiembre de 1792, que coincidía, además, con el equinoccio de otoño. Ese era el día, el 1 de Vendimiario, en que comenzaba el año nuevo francés, durante los años en que estuvo en vigor. Esta datación era la Era Republicana.
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